Bueno, creo que es buen momento para comentar un poco lo que fue de mi vida en estos tres meses que dejé pasar sin actualizar mi blog.
La verdad relojeaba bastante seguido los demás blogs de mi lista, luego fui espaciando las visitas hasta que dejé de revisarlos del todo. ¿Por qué? No sé. Tal vez me hacían sentir culpable, recordándome mi cobardía al no querer actualizar el mío. ¿Y esto por qué? Pues porque no tenía nada que contar que pudiera ponerme feliz o hacerme sentir orgullosa de mí misma, sino pura mierda, y para repartir más mierda a personas que tienen suficiente con las suyas, mejor me las guardaba para mí. ¡Craso error! No hay peor soledad que la soledad compartida.
Me hizo mal alejarme; sí, me hizo mal. Me sentí más sola. Y no sólo eso, sino que fui una desconsiderada con todas las personas (desconocidas físicamente, conocidas de alma) que se preocuparon por mí y a las que les debo el mismo apoyo que me prodigaron...
Lamentos aparte, comienzo...
Los que me leen de siempre saben que hace mucho que estoy de novia; van dos años y un par de meses. Amor, sí; es amor. Ese amor que no se puede explicar con palabras, porque no hay suficientes ni tan expresivas. Pero toda relación tiene altibajos, y a mí me surgió el peor: el de la desconfianza. Por algunos pequeños acontecimientos que se juntaron, mi mente perversa comenzó a hacer maquinaciones que no podía confirmar si eran erradas o no. ¿Me engañaba? Fue difícil comprobarlo, llevó tiempo, llevó lágrimas; finalmente resultó que no, pero la pared de hielo se había instalado... Alejamiento. Peor añoranza que estar al lado de alguien que parece estar a kilómetros de distancia... no, no hay peor. Lo superamos. Lágrimas de por medio, reproches acumulados, viejos como el mundo, que hieren y penetran. Pero amor... sí, amor.
Tantas cosas pasamos juntos, tantas veces me ayudó a no dejarme pudrir en la tristeza. Tantas veces besé su pelo mientras lloraba en mi hombro y tantas veces él secó mis lágrimas de rencor hacia mí misma. Tantas risas y momentos divertidos; más que novios, amigos. Todo tan dulce y tan fogoso. Construimos juntos los mismos castillos en el aire y los unimos con un beso. Proyectos a futuro, remembranzas del pasado; me duele lo que le duele, mis alegrías son las suyas. ¡Amor! Jamás preví que llegaría a vivir eso.
Porque dudé... sí, dudé muchísimo. ¡Me hacía sentir tan sola! Hablaba más con mis amigos del chat que con él. Pensé en dejarlo, porque me aburría, porque me dejaba para luego, porque quería experimentar otros labios, otros abrazos. Vivir de nuevo el proceso de seducción, de conquista. ¡Qué cerca estuve de mandarlo todo a la mierda! Me frenó el miedo, luego la compasión, más tarde la sensatez, después... después el amor. Siempre habrá peleas, siempre habrá celos... incluso desconsideraciones, incluso egoísmo. Pero están las verdades más grandes: la compañía, el apoyo, la sinceridad, el cariño. Si él me dice lo hermosa que soy, lo perfecta que le parezco, lo mucho que admira mi madurez, lo que le sorprende mi inteligencia, la necesidad que tiene de mis abrazos. Si conmigo es feliz, si le hago bien. Si él me hace feliz, si me hace bien. Entonces se trata de luchar por amor, ¿no? Esa es la historia...
Desde ya, gracias al que pudo leer aunque sea un pedacito de la entrada :)